Tartessos
Una tumba intacta de Jumilla conserva piezas de carro y adornos vinculados al ámbito tartésico
La campaña de 2024 en la necrópolis del Collado y Pinar de Santa Ana ha identificado un depósito funerario con un ajuar metálico singular. Partes de un carro, broches y apliques zoomorfos permiten investigar las conexiones de Jumilla con el suroeste peninsular al final del Bronce y comienzos del Hierro.

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La Universidad de Alicante y el Museo Arqueológico de Jumilla han iniciado un proyecto de investigación en la necrópolis del Collado y Pinar de Santa Ana. Entre los resultados de la campaña destaca un depósito intacto con elementos metálicos de un carro, broches de cinturón y restos de apliques zoomorfos.
Alberto José Lorrio y Raimon Graells, investigadores del Instituto Universitario de Investigación en Arqueología y Patrimonio Histórico de la UA, reconocen estos objetos como producciones del ámbito tartésico, asociado al suroeste peninsular. El conjunto ofrece nuevas vías para estudiar las relaciones de esta localidad murciana durante el Bronce Final y la Primera Edad del Hierro.
Un ajuar para estudiar conexiones y diferencias sociales
Los investigadores consideran que el depósito documenta la relevancia de la necrópolis y la riqueza que pudieron acumular grupos dirigentes. La atribución de los objetos al ámbito tartésico abre el estudio de contactos e intercambios con el suroeste peninsular. La identidad y la procedencia de la persona enterrada siguen abiertas.
El proyecto amplía una línea de investigación del Grupo de Prehistoria y Protohistoria de la UA que trabaja en asentamientos como Peña Negra y Los Saladares, la ciudad fenicia de La Fonteta y la ciudad ibérica de La Alcudia de Elche. Comparar esos registros ayuda a situar Jumilla dentro de las redes y transformaciones del sureste peninsular.
La campaña terminó el 25 de septiembre de 2024 y contó con investigadores y estudiantes de las universidades de Alicante, Complutense de Madrid y Murcia. La comunicación de octubre presenta los hallazgos tras el cierre del trabajo de campo.
Tumbas conocidas, tumbas nuevas y huellas de expolio
Conocida desde 1800 y excavada entre las décadas de 1960 y 1980, la necrópolis reúne túmulos, algunos de gran tamaño, cuyos materiales ofrecen una cronología general entre los siglos IX y VI a. C. Muchas sepulturas habían sufrido saqueos.
Los nuevos trabajos han documentado mediante fotogrametría los siete sepulcros ya conocidos y excavado otros tres que permanecían inéditos. El más antiguo corresponde al final de la Edad del Bronce. En él apareció un botón de camisa o chaleco que podría pertenecer a la época de Isabel II, una señal compatible con actuaciones de buscadores de tesoros hacia mediados del siglo XIX.
La noticia temprana que transmitió el canónigo Juan Lozano en 1800 sitúa este conjunto entre las primeras necrópolis protohistóricas divulgadas en la península. Esa difusión pudo favorecer las búsquedas posteriores. El depósito intacto recuperado ahora resulta especialmente valioso dentro de un lugar donde muchas asociaciones originales quedaron alteradas.
Los túmulos del Collado y Pinar de Santa Ana
El conjunto funerario de Jumilla conserva una historia larga de investigación y alteraciones. Los túmulos y sus materiales permiten estudiar la transición entre el Bronce Final y la Primera Edad del Hierro, mientras las huellas de expolio forman parte de la historia posterior del yacimiento.
La sepultura intacta permite relacionar objetos, disposición y contexto, asociaciones que pueden haberse perdido en tumbas saqueadas. La documentación fotogramétrica complementa esa información con el registro del estado de las estructuras conocidas.
El carro, los broches y los apliques vinculados al ámbito tartésico abren el estudio de la circulación de bienes entre el sureste y el suroeste peninsular. La comparación de formas, técnicas y cronologías con otros conjuntos permitirá investigar esas conexiones cuando se complete el análisis de la campaña de 2024.



