Edad del Bronce
Un estudio propuso un origen europeo para estaño de la Edad del Bronce hallado en el Mediterráneo oriental
Un análisis de lingotes de la Edad del Bronce reforzó en 2019 la hipótesis de que parte del estaño empleado en el Mediterráneo oriental procedía de Europa. Los ejemplares encontrados en Israel mostraron una especial afinidad con los depósitos del suroeste de Gran Bretaña.

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El resultado, difundido el 13 de septiembre por la Universidad de Heidelberg, procedía de una investigación dirigida por Ernst Pernicka y Daniel Berger, con participación del centro de arqueometría Curt-Engelhorn de Mannheim. El trabajo se había publicado en junio en PLOS ONE y examinaba una cuestión fundamental para comprender la metalurgia antigua: de dónde llegaba un componente del bronce escaso en las regiones que lo consumían.
El cobre y el estaño, combinados, permitieron fabricar armas, adornos y utensilios. La expansión de esa aleación desde finales del cuarto y durante el tercer milenio antes de nuestra era dio nombre a la Edad del Bronce. Sin embargo, la importancia del metal no había resuelto la identificación de sus proveedores. Las propuestas sobre Asia central competían con otras procedencias y las rutas seguían siendo discutidas.
Para contrastarlas, el equipo estudió 27 lingotes de cinco conjuntos: Mochlos, en Creta; el pecio de Uluburun, frente a Turquía, y los hallazgos israelíes de Hishuley Carmel, Kfar Samir sur y Haifa. Trabajar con estaño sin alear permitía investigar su procedencia sin introducir la complejidad adicional de una mezcla con cobre. Los investigadores combinaron isótopos de estaño y plomo con el análisis de elementos traza.
Las piezas israelíes, fechadas en los siglos XIII y XII a. C., ofrecieron los indicios más sólidos de una procedencia europea. El modelo geológico derivado de sus isótopos de plomo apuntaba a unos 291 millones de años, con un margen de 17 millones. La combinación de resultados resultaba compatible con Cornualles y Devon y debilitaba las alternativas de Anatolia y Asia central para ese grupo concreto.
Los autores distinguieron esos resultados de los obtenidos en Mochlos y Uluburun, que presentaban diferencias y problemas de atribución propios. Para el grupo israelí propusieron una procedencia probable; las escalas comerciales y la identidad de quienes transportaron el metal seguían por determinar.
El resultado situaba el abastecimiento metalúrgico dentro de intercambios de gran alcance, junto a la circulación de cobre, ámbar y vidrio. La investigación formaba parte del proyecto BRONZEAGETIN, financiado mediante una ayuda avanzada del Consejo Europeo de Investigación.
Mochlos y Uluburun, dos archivos del intercambio mediterráneo
El conjunto analizado reúne materiales de lugares con historias diferentes. Mochlos, en la costa nororiental de Creta, aportó un lingote vinculado al mundo minoico. Uluburun conservó, bajo el mar frente a la costa meridional de Turquía, un cargamento de finales de la Edad del Bronce. Son dos contextos distintos para estudiar el transporte y el uso de metales en el Mediterráneo oriental.
Los objetos procedentes de asentamientos y los recuperados en naufragios plantean preguntas complementarias. En tierra interesa su relación con edificios, depósitos y actividades; en un pecio, la asociación de mercancías ofrece una instantánea del transporte marítimo. El artículo de Berger y sus colaboradores compara esos contextos antes de abordar la composición de los lingotes.
Los resultados de Creta, Uluburun e Israel apuntaban a abastecimientos diversos. Sus diferencias de composición ofrecían al equipo indicios sobre los proveedores y sobre los intercambios de una economía mediterránea conectada.



